¡Hola familia!
¡¡¡Por fin hemos conocido al protagonista de este viaje!!!
Nos ahorraremos descripciones empalagosas sobre nuestro (y de ustedes) pequeño “Rey León” porque las fotos que mandamos lo dicen todo por sí mismas y, además, podríamos pecar de padres empalagosos y ya saben que no lo somos, así que juzguen ustedes mismos….Han sido dos días cabalgando en una montaña rusa emocional. Llenos de sentimientos encontrados pero, como pueden imaginarse, volveríamos a repetirlos con los ojos cerrados, así que al lío:
Salimos de Addis la mañana del 29 hacia Ziway, al sur del país. Unas 8 horas de carretera, con avería incluida, pero que supimos paliar probando la cerveza del país en un pueblo a las afueras de la capital. Aquí el tiempo parece que se ha detenido pero hay cosas que son iguales en todos lados. Nuestro guía nos dijo que no era muy prudente pero también es cierto que la prudencia nunca nos hubiera traído hasta aquí.
La salida de la capital fue una locura: aquí no existen las normas de tráfico así que has de sobrevivir “luchando” entre carros, coches, furgonetas, camiones, motos, animales de todo tipo, bicicletas, taxis, policías con palos, militares con AK 47 (tiene un sonido muy característico) y gente, mucha gente… No les contaríamos nada nuevo si les decimos que la pobreza es extrema (muy dura, en ocasiones) así que nos ahorraremos ciertas experiencias por respeto a todas esas personas que tienen que convivir con ella todos los días, sobretodo los niños.
Cruzamos varios distritos hasta salir de la capital (el estado de Oromia es gigantesco) Esa sabana tan típica de los telediarios, con los poblados de etnias y nómadas que se agolpan en las vías, empiezan a aparecer unos 50 kilómetros al sur y son continuas e intermitentes durante todo el viaje, si bien es cierto que también hay tramos donde no hay absolutamente nada… solo llanuras con acacias, pájaros y un sol abrasador.
El pueblo de Ziway, donde está el orfanato de MAti, está a orillas del lago que lleva su mismo nombre. Para llegar hasta allí cruzamos varias ciudades (ellos las llamas así; para nosotros son pequeños pueblos). Les asombraría ver como conviven entre la gente águilas, buitres, bueyes, cabras, caballos, lémures, cigüeñas y una infinidad de especies que en cualquier otro lugar estarían enjauladas… incluida una araña gigantesca que se me posó en el hombro mientras orinaba… ¡no sabía que yo podía saltar tanto! Igual vuelvo para allá con superpoderes…
Entre averías y paradas para repostar o comer llegamos ayer por la tarde al orfanato de Mati y conocimos al pequeño gran hombre: Teo.
Nos sorprendió lo grande que está y la acogida que nos dio él, sus cuidadoras y el resto de niños. Como no podía ser menos, acabamos jugando con todos los críos con globos, caramelos, golosinas y todo lo que nos cupo en las maletas. Los videos y las fotos del resto de niños no podemos colgarlas por respeto a ellos y por que las leyes del país no nos lo permiten pero les prometemos que los conocerán todos y cada uno de ustedes personalmente cuando estemos por ahí
Nos reímos tanto como lloramos… no se pueden imaginar el amor tan grande que desprenden y necesitan todos ellos. Nos llevamos a Teo pero también un pedacito de cada uno de ellos: de mi niña Shasha, con una sonrisa tan grande que no le cabía en la cara; o de Nini, un niño cuyos ojos negros iluminaba todo Ziway; y de Mali, Tala y Eko (que por cierto me hizo inflarle como 20 globos hasta que me dio un ictus); y de un montón de criaturas llenas de vida que, desgraciadamente, no tendrán la suerte que tendrá Teo de tener el cariño de todos ustedes cuando lleguemos a casa.
Cenamos y dormimos en un sitio con techo (dejémoslo ahí) y partimos esta mañana de regreso por el mismo camino, no sin que antes casi se comieran a Nayra un centenar de niños cuando a esta se le ocurrió abrir un paquete de caramelos a las puertas del lugar para ofrecerle a uno de ellos. Hizo guardia un señor y su amiga la escopeta recortada así que nos sentimos un poco más seguros, o no… jejejej
Habrá tiempo de seguirles contando pero ahora necesitamos dormir un poco.
Solo agradecerles todo el cariño y el apoyo que nos envían desde el otro lado del mundo con sus mensajes! Sin ustedes esto sería imposible.
En dos días volveremos a por Teo, mientras tanto, feliz año nuevo!
Les queremos,
Nay y Alber
P.D: nos hemos traído uvas en lata y estamos con otras cuatro parejas españolas geniales con las que esperamos partir el año un poco más acompañados y al estilo español.







